Museum of Modern Art (MoMA)
New York, USA
Mami, fui al MOMA
En septiembre de 2009 tuve la suerte de pernoctar tres días en la ciudad de Nueva York. Era la primera vez que iba, pero no puedo decir que la conocí, porque estuve casi todo el tiempo metida en reuniones, es decir, en buses de traslado. De todas maneras, quedó marcada en mi mente la fuerza de esta metrópoli y también las ganas de volver un día.
Aunque no había mucho rato libre, conseguimos visitar algunos museos. Entre esos, el MOMA. Acompañada de dos colegas mujeres, una de Marruecos y la otra de Jordania, nos acercamos con emoción a este gigantesco centro de arte. Era para todas nosotras, la primera vez.
Calculé mal el tiempo para visitarlo, pero aún así pude ver cosas verdaderamente especiales - este museo exhibe mucho más que artes visuales, claro- y de una calidad museográfica superior, como por ejemplo el pabellón de diseño del siglo XX y una exposición temporal de Ron Arad. Simplemente impecables.
Pero, voy a ser bien honesta, todavía no sé si visité un museo o un aeropuerto; un sólo inmueble o un distrito entero completamente edificado. Perdí la noción del tiempo y la realidad. Es un espacio grandioso, pero no lo que se llama “people oriented”, usando la jerga local. Tampoco los guardias. En la revisión de la entrada, un guardia alto y grande como ropero me detuvo para indicarme que pusiera la mochila hacia el frente – “mira”, digo riéndome en voz alta a mi colega Jordana “¡trabajo con museos…y se me olvida algo así!”. Entonces el guardia interrumpió sin que le preguntaran, para asegurar que yo estaba mintiendo porque de saberlo, lo hubiera hecho sola sin que me llamaran la atención.
Así partió mi vista al MOMA y desde ahí en adelante quedé un poco desorientada. No entiendo lo que pasó, pero al parecer mi encanto natural no hace efecto en los guardias de museos neoyorquinos. Tampoco la simpatía y el excelente inglés de mi amiga jordana y su cabeza tapada.
M.L. Figueroa
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